Por: Mg. Francisco Chávez Tirado
INTRODUCCIÓN
En el campo educativo, en nombre de la evaluación se han cometido muchas atrocidades, por lo que es menester tener una idea clara de lo qué es realmente la evaluación institucional a fin de cada vez realizarla con mayor certeza, significatividad, compromiso y validez y así poco a poco vaya cobrando el papel protagónico de herramienta útil para la toma de decisiones racional y fundamentada; y de base de la planeación, con miras a la mejora para el logro de la tan ansiada calidad de la educación.
Realmente mucho se ha dicho o puede decirse sobre la evaluación institucional, tal es así que en estos últimos tiempos, pareciera estar de moda la evaluación en las instituciones educativas. Actualmente somos testigos a una serie de cambios mundiales que se identifican eminentemente por la incertidumbre sobre el futuro. La Dra. Patricia Bezies Cruz (2004) dice: “Cambia lo que la sociedad y las personas demandan, cambia la situación entre las naciones, se vive en un mundo globalizado nos guste o no, cambian las reglas del juego, el rol de los agentes permanentes e incluso surgen nuevos actores sociales. A este contexto, la educación no puede mantenerse al margen ya que el papel que tiene por sí, de formar, inculcar cultura, aportar conocimientos, enriquecer intelectual y axiológicamente a las personas, así como el contribuir a la igualdad de oportunidades, la obliga a ser protagonista de los cambios”.

El modelo tradicional en la educación no ha conseguido lograr equidad y calidad en niveles adecuados entre la población, por lo que los gobiernos de casi todo el mundo han intentado cambios y reformas en sus sistemas educativos, esto se ha realizado de diversas formas, pero existe un común denominador: la incorporación como un indicador de calidad en las nuevas políticas educativas y de toma de decisiones, de la satisfacción de las nuevas demandas sociales. Por este motivo, la adopción de programas de evaluación y mejora responde a una necesidad universal: “la rendición de cuentas” a la sociedad, a los beneficiarios, a los proveedores, al contexto, siendo así, que la política ha incluido como un instrumento de especial relevancia a la evaluación de la calidad, que se ha ido transformando en una exigencia no sólo para los gobiernos y las administraciones públicas sino también para las instituciones educativas.
Con esta visión se exigen acciones dirigidas a interpretar, cambiar y mejorar las instituciones educativas en todos los niveles, de ahí que, la puesta en marcha de proyectos de evaluación institucional, sea una herramienta básica y un fiel reflejo de las demandas sociales; aunque muchas veces sus integrantes de las diversas instituciones educativas, se ponen reacios a empezar el proceso de evaluación institucional, tan vital para lograr la tan ansiada y trillada frase “calidad educativa”; confiamos que con este artículo despertar la necesidad de cambiar, iniciando con la evaluación de sus propias instituciones educativas.